Dedicado a mi hermano Francesc

A la memoria de mi hermano Francesc, que nos fue arrebatado un 13 de septiembre en un maldito accidente de tráfico

Eran las 08:50 h del miércoles 13 de septiembre del 2006. Yo me encontraba fuera de un aula de la EPC (Escola de Policia de Catalunya) a la espera de realizar el penúltimo examen del curso de caporal. El día se levantó gris y fresco. Durante toda la noche había llovido intensamente en todo el país, unos chaparrones que habían mantenido bien atareados a todos los servicios de emergencia de Catalunya en inundaciones, accidentes, carreteras cortadas, árboles por el suelo, gente atrapada, etc. La zona del Vallès Oriental tampoco se había librado de la agitación climática y el EPC se encontraba, desde las 04:00 h de aquella noche, sin luz. Yo, al igual que muchos compañeros, me había levantado muy temprano, allá las 06:30 h para repasar un poco toda la materia que entraba en los dos exámenes que teníamos. Recuerdo perfectamente como estábamos estudiando medio a oscuras, debajo la débil claridad que nos daba una luz, esas de emergencias, que hay en algunos organismos oficiales encima del marco de las puertas. 

Fue entonces, en aquella hora, las 08:50, cuando el máximo responsable del centro se dirigió a mí. Quería hablar a solas, lejos de los otros compañeros de clase. Estaba serio, cabizbajo, y su tono de voz denotaba alguna cosa que no supe captar. Yo, aún no sé qué esperaba que me dijera, pero sin duda, aquello, nunca me lo habría imaginado.

Entonces, mientras caminábamos, apartándonos de la gente, me miró a los ojos y me dijo la noticia con voz temblorosa. Un escalofrío inmenso me recorrió todo mi cuerpo, me quedé helado, sin reacción, sin aliento ni fuerza. Mi mente estaba en blanco, y sus palabras retronaban dentro de mí de banda a banda, una y otra vez, mientras, de fondo, como si fuera una música captada en el subconsciente, escuchaba el rumor de las  voces lejanas e ininteligibles de mis compañeros. Los miré por última vez, y nada parecía pasar. Todo seguía igual… estaban esperando para hacer el examen.

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Acto seguido, y después de estar a solas un rato para digerirlo, fui a cambiarme de ropa rápidamente, para ir a mi pueblo, Alcanar, junto a mi familia; me hacía falta, les hacía falta y estaba tan lejos. Fue sin duda, el peor y más largo viaje de mi vida. No iba solo, me llevaban dos compañeros, pero me encontraba terrriblemente vació. desamparado, solo y lo único que deseaba era llegar pronto a casa.

Después, a la llegada, vinieron las lágrimas, abrazos, irrealidad, nervios, silencio, impotencia, el que ha pasado, como ha pasado, cuando ha pasado y donde ha pasado, el nudo en el estómago y el dolor de cabeza, el no dormir, el no tener hambre ni sed, las pastillas, el querer despertar, la rabia, los sentimientos de culpa, los pésames, los no puede ser y el darle vueltas y más vueltas a todo…

Más tarde, pasados unos días, han venido las visitas  al cementerio, más llantos y dolor, el no entenderlo, no querer entenderlo, cansancio, abatimiento, insomnio, desgana, apatía, tristeza, soledad, angustia, pena, falta, vacío, recuerdos, los miles porques, negación y frustración…

Desde entonces, desde aquel maldito 13 de septiembre, todo ha cambiado, nada es ni será igual.

Mi hermano se ha ído, mi hermano está muerto.

Pasados años, aún me pregunto si todo esto no es un sueño, un terrible sueño del que algún día despertaré y veré que todo sigue igual… la irrealidad persiste en mi.